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    Problemas de erección tras un cáncer de próstata

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    Esta es la historia de Peter* (70 años), al que le quedó una disfunción eréctil tras serle extirpada la próstata. Cuenta sin tapujos lo que le ocurrió y cómo lo afrontó.

    Hace unos 10 años, Peter fue al médico por un problema: tenía que orinar muy a menudo, y lo hacía en pequeñas cantidades. Aparte de esto, no tenía ningún otro problema. El médico le dijo que los hombres de alrededor de 60 años a veces sufren de agrandamiento de la próstata. Pero no era el caso de Peter. El médico le mandó realizarse un análisis de sangre para medir el nivel de PSA (antígeno prostático específico). Era demasiado alto, de 4,6. Así que le derivó al urólogo, que le hizo una ecografía. Vio algo, aunque no pudo identificarlo. La biopsia que le hicieron para más seguridad no reveló nada.

    Malas noticias: cáncer de próstata

    Enviaron a Peter a casa y tuvo que volver seis meses después. Seguía orinando con frecuencia, sin más problemas. En el análisis de sangre de la siguiente cita, el valor del PSA había aumentado a 6,4. A continuación le hicieron una nueva revisión y otra biopsia. Y resultó que sí se estaba ante un problema grave: había un tumor, y además era maligno.

    «La única opción era extirpar toda la próstata», explica Peter. «Pero tenía que dar mi consentimiento al respecto, porque al extirpar la próstata, las fibras nerviosas podrían verse afectadas o interrumpidas. La única alternativa a la operación era morir. Y conocía a algunas personas que efectivamente fallecieron por esta causa. Así que no me costó mucho tomar la decisión. Acepté someterme a la operación».

    La operación sale bien, el paciente sufre disfunción eréctil

    Peter tuvo la suerte de estar sano y en forma. La operación terminó una hora antes de lo previsto. No fue necesario someterse a radioterapia, ya que el urólogo pudo eliminar todo satisfactoriamente. Aun así, Peter se sometía a revisiones: le hacían análisis de sangre todos los años.

    Dos años después de la operación, el valor de PSA volvió a subir ligeramente. ¿Quizá le había quedado algo del tumor? Tras someterle a un examen, resultó que sí había algo. Se inició un nuevo tratamiento, durante el cual Peter fue sometido a 35 ciclos de radioterapia. No tuvo ningún problema. Solía ir conduciendo él mismo hasta el centro de tratamiento y físicamente se sentía fenomenal. Desde entonces, han pasado los años y Peter sigue estando bien. El único problema que le ha quedado es una disfunción eréctil. No es capaz de conseguir una erección de forma espontánea.

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    Cómo afrontar la disfunción eréctil

    «Al principio, lo único que quería era curarme. Quería vivir. Pero después, cuando ya estás bien, lo que quieres es que todo vuelva a la "normalidad" y que tu cuerpo coopere de nuevo. Te acostumbras al hecho de seguir vivo y quieres recuperar lo que tenías antes.

    Tuve que luchar con el hecho de que ya no era así; no quería aceptarlo sin más. He tenido una relación excelente con mi mujer durante más de 40 años, y la intimidad forma parte de ella. Así que aproveché cualquier oportunidad para mejorar la situación. Hice mucha terapia de suelo pélvico. Ya había empezado a hacerlo para prepararme para la operación y la reanudé inmediatamente después. El fisioterapeuta me ayudó y me dio ejercicios que podía hacer en casa. También practiqué ejercicios de relajación. Por desgracia, nada de esto me sirvió.

    La disfunción eréctil fue algo difícil para mí. Daba igual lo que hiciera, no cambiaba nada. Podía llegar a estar muy gruñón e irritable y perder los nervios. Estaba muy frustrado. Y me sentía mal por mi mujer».

    Hablar de la disfunción eréctil con el urólogo

    «Cuando el urólogo me preguntó cómo estaba, mencioné mi problema de impotencia. Le dije lo mal que me hacía sentir. ¿Y qué pasó? Había una solución. Había un remedio que podía conseguir una especie de milagro, así lo veo yo. Tenía que ponerme una inyección, directamente en el pene. El urólogo me enseñó a hacerlo, me dio una receta y yo mismo podía pasar a recogerlas en la farmacia. Funcionó muy bien.

    Sigo utilizando las inyecciones y ahora he vuelto a ir también a fisioterapia. Con el paso del tiempo, estas inyecciones periódicas crean tejido cicatricial en el pene. Me tengo que poner la inyección unas veces en el lado izquierdo y otras en el derecho. Estos pinchazos alteran la circulación de la sangre. El fisioterapeuta me masajea el pene con mucho cuidado para estimular la circulación sanguínea y evitar que se forme tejido cicatricial».

    La opinión de los demás

    «También hay gente que dice: "Bah, a nuestra edad ya no necesitamos esas cosas, ¿verdad?" ¡Pero yo creo que sí! Entonces los veo pensando, y me gustaría estar en su lugar. El suyo sigue funcionando y les da igual, mientras que el mío no funciona y yo sí quiero utilizarlo. La intimidad es algo a lo que mi mujer y yo no hemos renunciado. Sigue siendo parte de nuestra relación».

    La disfunción eréctil y las relaciones de pareja

    «Puedo hablar de ello. En primer lugar, con mi esposa, por supuesto. Porque tenemos que pasar juntos por este proceso. Tras la operación estábamos muy contentos porque seguía vivo, pero para ella mi disfunción eréctil también era difícil. Esa es una de las razones por las que empecé con las inyecciones. Por supuesto, a veces me entristece y me cuesta asumir que las cosas no sean como antes. Y también entiendo que me estoy haciendo mayor. Pero sigo haciendo todo lo posible para disfrutar de la intimidad con mi mujer. Las cosas son un poco diferentes ahora, nada más. Vamos a por ello».

    ''¿Disfunción eréctil? Tienes depresión. El problema está en tu cabeza.''
    Problemas de erección por causas mentales.

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    * Nombre real conocido por los redactores

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